lunes, 10 de diciembre de 2007

Reflexion de Evangelio

Reflexion de Evangelio
(Mateo 3:1-12)

En una famosa pintura de la crucifixión la diminutiva figura de Juan el Bautista está en el primer piano señalando con dedo a Cristo. Contemplando la escena, nos parece extraño. ¿Cómo puede ser que Juan está allí si él fue decapitado cuando durante la vida de Jesús? También, ¿por qué la figura de Juan en el primer plano es más pequeña que la de Jesús en el fondo?
Las respuestas no son difíciles cuando meditamos en el evangelio hoy. El papel de Juan en la historia de salvación es para dirigir al mundo a Jesús como su salvador. Así, él siempre será menor que Cristo.
En el evangelio Juan viene proclamando, “…ya está cerca el Reino de los cielos.” Es el mismo mensaje que dará Jesús, pero tiene un matiz distinto.
A Juan el Reino significa el castigo por haber pecado. Para evitarlo uno tiene que reformar su vida.
A Jesús el Reino representa el gran amor de Dios para todos. Para aprovechárselo los humanos quieren vivir de modo distinto.
La diferencia aquí aproxima aquella entre el concepto infantil de Navidad y el concepto maduro. Los niños piensan en Navidad como un regalazo de juguetes y chocolates. Pero los cristianos maduros saben que hay algo más, mucho más. Nos damos cuenta que el único regalo que cuenta es el don de Dios de su hijo para rescatarnos de nuestra locura.
Entonces Juan confronta a los fariseos y saduceos así como hará Jesús en tiempo. Estos dos grupos representan el punto de vista que los ritos externos, sean en la casa o en el Templo, son suficientes para salvar a la persona. Juan y, más tarde, Jesús llaman a los fariseos y saduceos “raza de víboras” porque engañan a la gente con esta falsa prioridad. Juan sabe lo que Jesús va a explicarnos en el evangelio. No es el desempeño de los ritos que cuenta sino la conversión del corazón. En este tiempo festivo nosotros podemos caer en la misma inversión de prioridades.
Podemos pensar que es suficiente para nuestra salvación peregrinar con la Virgen el día doce o asistir a la misa del gallo el veinticuatro del mes
. Sin embargo, tanto Juan como Jesús dirían que no, nuestra asistencia a estos eventos en sí no va a sacarnos del pecado.

Entonces, ¿vale la pena marchar en las peregrinaciones o venir a la misa con la familia? Por supuesto vale porque estos actos nos conducen al necesario cambio de corazón. Cuando caminamos en las procesiones, nos hacemos en la niña del ojo de la Virgen como Juan Diego en la imagen de la Virgen de Guadalupe. Entonces ella nos mostrará a donde está Jesús. Como oramos en el Salve Regina, “Vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos y después de este destierro muéstranos a Jesús.” Asimismo, en la misa siempre escuchamos la palabra de Dios. Esta escucha puede penetrar el corazón como dice la Carta a los Hebreos, como una “espada de doble filo.” Pero, en los dos casos la conversión del corazón nos exige un esfuerzo.
Tenemos que reconocer cómo el cambio a los modos de Jesús puede ser tan duro como una dieta de lechuga. Nuestro orgullo rebela contra la humildad de Jesús, nuestro temor impide su compasión, y nuestro capricho se burla de su honradez. Para lograrlo tenemos que aprender de él por hacernos sus servidores. En el evangelio Juan declara que él no es “digno de quitarle las sandalias.” Quiere decir que él es su servidor de Jesús. Maravillosamente el servicio de Jesús hace a Juan tan libre que puede desafiar a un rey y ganar su respeto. Así nuestro servicio al Señor nos hace libres de vicios que nos avergüenzan y gana la vida eterna que nos da la felicidad. Libres de vicios y felices para siempre -- que comencemos este servicio al Señor ahora.

Santo Evangelio del Domingo

Domingo 9 de Diciembre
Evangelio según San Mateo 3, 1-12


Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: “Conviértanse, porque está cerca el reino de los cielos”. Éste es el que anunció el profeta Isaías diciendo: “Una voz grita en el desierto: "Preparen el camino del Señor, allanen sus senderos"”. Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizara, les dijo: “¡Raza de víboras!, ¿quién les ha enseñado a escapar del castigo inminente? Den el fruto que pide la conversión. Y no se hagan ilusiones, pensando: "Abrahán es nuestro padre", pues les digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo los bautizo con agua para que se conviertan; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él los bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga”.

Lecturas del Domingo 9 de Diciembre

Lecuras Domingo 9 de Diciembre
Segundo domingo de Adviento

Isaías 11,1-10

Aquel día, brotará un renuevo del tronco de Jesé, y de su raíz florecerá un vástago. Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor. No juzgará por apariencias ni sentenciará sólo de oídas; juzgará a los pobres con justicia, con rectitud a los desamparados. Herirá al violento con la vara de su boca, y al malvado con el aliento de sus labios. La justicia será cinturón de sus lomos, y la lealtad, cinturón de sus caderas. Habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito, el novillo y el león pacerán juntos: un muchacho pequeño los pastoreará. La vaca pastará con el oso, sus crías se tumbarán juntas; el león comerá paja con el buey. El niño jugará con la hura del áspid, la criatura meterá la mano en el escondrijo de la serpiente. No harán daño ni estrago por todo mi monte santo: porque está lleno el país de la ciencia del Señor, como las aguas colman el mar. Aquel día, la raíz de Jesé se erguirá como enseña de los pueblos: la buscarán los gentiles, y será gloriosa su morada.

Salmo 71
Dios mío, confía tu juicio al rey,
tu justicia al hijo de reyes,
para que rija a tu pueblo con justicia,
a tus humildes con rectitud.

Que en sus días florezca la justicia
y la paz hasta que falte la luna;
que domine de mar a mar,
del Gran Río al confín de la tierra.

Él librará al pobre que clamaba,
al afligido que no tenía protector;
él se apiadará del pobre y del indigente,
y salvará la vida de los pobres.

Que su nombre sea eterno,
y su fama dure como el sol:
que él sea la bendición de todos los pueblos,
y lo proclamen dichoso todas las razas de la tierra.


Romanos 15, 4-9
Hermanos: Todas las antiguas Escrituras se escribieron para enseñanza nuestra, de modo que entre nuestra paciencia y el consuelo que dan las Escrituras mantengamos la esperanza. Que Dios, fuente de toda paciencia y consuelo, les conceda estar de acuerdo entre ustedes, según Jesucristo, para que unánimes, a una voz, alaben al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo. En una palabra, acójanse mutuamente, como Cristo los acogió para gloria de Dios. Quiero decir con esto que Cristo se hizo servidor de los judíos para probar la fidelidad de Dios, cumpliendo las promesas hechas a los patriarcas; y, por otra parte, acoge a los gentiles para que alaben a Dios por su misericordia. Así dice la Escritura: “Te alabaré en medio de los gentiles y cantaré a tu nombre”.